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Pizca por Luz

Pizca

Había una vez una niña que nació grande y hermosa, sus padres comentaban por todo el valle, a cada vecino o viajero errante que pasaba por sus tierras,  lo grande y fuerte que había nacido su hija. Cuando la niña alcanzó los diez años de edad dejó de crecer, y si antes era la más alta de su generación, pronto empezaron a llamarla Pizca, por lo pequeña que se había quedado. Sus padres, ya no salían a los caminos a gritar a los cuatro vientos lo maravillosa que era su hija.

Pizca llegó a la edad casadera con la misma estatura que había tenido a los diez años. Se celebraba en primavera el festival en el que todos los mozos del pueblo, dejaban sus proposiciones de matrimonio, colgadas con una flor delante de la casa de las chicas casaderas. Los padres de Pizca, ni siquiera se molestaron en salir de casa durante las celebraciones y los bailes. Tenían las ventanas cerradas, la casa parecía totalmente abandonada. Pizca sin embargo, salía, bailaba y se divertía hasta que un rubor intenso le teñía las mejillas y sus pequeños pies acababan doloridos.

Pasaron las fiestas y el pueblo volvía a la normalidad, era el momento de ver si había alguna flor en la fachada de cada casa y a quién pertenecía. Las chicas tomaban su postura en lo referente al matrimonio en el mes de diciembre, cuando las mariposas no vuelan y el corazón y la cabeza piensan más fríamente. Pizca, se levantó corriendo hacia la puerta, a la espera de ver alguna flor, su madre que estaba haciendo el desayuno le dijo – Pizca no seas ingenua, por que te quiero te digo esto, no esperes encontrar ninguna “flor proposición” ahí fuera - . La chica siguió su camino pero de manera menos acelerada como si la desilusión no la dejara avanzar . Tomó el pomo de la puerta, salió, se volvió hacia la casa y con las manos tapándose la cara abrió un poquito una mano para mirar entre sus dedos. Afligida, Pizca empezó a llorar como nunca antes había llorado, sus padres salieron corriendo para calmarla y meterla en casa, para que no la vieran sufrir. Pero cual fue su desconcierto al girarse y observar su casa, no se veía ni un milímetro de la fachada, las rosas, tulipanes, margaritas, peonías y otros tipos de plantas habían cubierto por entero su casa, por las cuatro esquinas. El padre de Pizca pensó que era una broma de mal gusto, se acercó y empezó a leer las tarjetas para ver los posibles insultos y burlas, pero se quedó anonadado cuando descubrió que todas eran palabras bonitas y sinceras. Pizca que seguía llorando de alegría estaba quieta como una estatua. Los padres de Pizca se hundieron en un silencio repentino, dándose cuenta de que habían marginado a su pequeña hija durante años, y que la gente del valle había visto lo que ellos como padres no supieron ver. Pizca era mucho más de lo que parecía, y como así lo supo el valle, así correspondieron los muchachos. Pizca eligió a su esposo de la misma manera por la que la habían elegido a ella, por la persona que estaba en lo más profundo de su interior.

Luz.

Texto protegido por Creative Commons

1 comentario:

  1. Una historia preciosa, Luz y con un mensaje muy hermoso :-)

    Has logrado transmitir muy bien la emoción de Pizca y sus padres al ver la casa llena de flores :-)

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